sábado, 30 de julio de 2016

Lo que no te mata, te deja vivo



Que en la obra de Larsson habían quedado alguno flecos no había dudas, pero que no era necesaria la continuidad, tampoco. Pero resulta que David Lagercrantz (Suecia, 1962) ha tenido el valor de continuar con lo creado por Stieg Larsson, y lo ha realizado muy bien.

La popularidad de este escritor y periodista empezó en 2011 cuando publicó la polémica biografía del exfutbolista del Barcelona, Zlatan Ibrahimovic, que publicará Roca en otoño, y una novela sobre el matemático Alan Turing.

Larsson nos encandiló a millones de lectores. Acertó con el tema —violencia de género, espionaje, indignación con los poderes fácticos—. Acertó con un personaje a priori secundario como Lisbeth Salander y con el principal, Mikael Blomkvist que vuelven a ser los protagonistas de “Lo que no te mata te hace más fuerte” y lo cierto es Lagercrantz ha hecho bien su trabajo centrado ahora en el mundo de los hackers, el espionaje industrial y gubernamental y , la violencia doméstica,niños savant, añadiéndole viejas historias de familias enfrentadas creando un relato con acción, buen ritmo, David Lagercrantz escribió en año y medio Millennium 4. 

Lo que no te mata te hace más fuerte (Destino). Se lo propusieron hace tres años. El desafío era enorme: continuar la serie de libros creada por Stieg Larsson, fallecido en noviembre de 2004, pocos meses antes de la publicación de sus exitosos libros de novela negra. 

Lo mejor que ha hecho el escritor suecos ha sido el retomar la atmósfera y sus personajes principales, Salander, Blomkvist, Erika Berger, el tutor de Lisabeth, Holger Palmgren.... “ha incluido personajes nuevos como el profesor Badler, especialista en inteligencia artificial, o miembros de diversos servicios de seguridad que compiten entre sí, o un asesino a sueldo realmente espectacular o el niño savant August”. A mi , personalmente, me ha gustado bastante, aunque como ice uno de mis hijos en sus estados de Whatsapp, Lo que no te mata, te deja vivo. Y vivo ha dejado . Lagercrantz a los personajes e historias creadas por Larsson.

martes, 21 de junio de 2016

Discurso final de curso

Buenas tardes. Antes de nada quiero expresar mi agradecimiento a la dirección del centro por querer contar conmigo y convertirme hoy en portavoz de todo el profesorado; agradecer igualmente a mis compañeros y compañeras por cederme ese protagonismo. Igualmente agradecer la presencia al alumnado aquí presente así como a los familiares que han venido para acompañaros, especialmente, en una calurosa tarde - noche donde existe una lógica e interesante competencia con el fútbol.

Cuando me decidí a escribir las primeras notas para este discurso lo primero que pensé fue en el curso anterior. Para estas fechas del pasado curso escolar me estaba despidiendo de la comunidad educativa del que había sido mi centro una vez pasado allí casi una década. Sin embargo, en esta ocasión, y dado que llevo en este centro menos de un año, he dudado- y mucho- sobre en qué centrar este discurso. 

Tras reflexionar algo sobre lo que hablar, pensé que podía hablar en lo que supone el IPEP. Bajo esas siglas de IPEP, hay un Instituto que aparentemente se centra en la Enseñanza de Personas Adultas. Sin embargo, yo creo que toda la Comunidad Educativa de este centro pretende que sea mucho más que eso. Como ya sabéis IPEP literalmente significa Instituto Provincial de Educación Permanente. Subrayo eso de Educación Permanente que lo entiendo en un sentido casi contrario al que pudiera tener en castellano. Lo permanente está ligado a un estado o situación que no experimenta cambio alguno. De hecho, nuestra esperanza como docentes es la contraria: que el alumnado que se forme aquí experimente una mejora en su situación intelectual y esta le permita progresar en su vida profesional o personal. En ese sentido el IPEP tiene como objetivo prioritario la promoción y el desarrollo de las personas adultas a través de la formación en su doble ámbito vital y laboral. Es aquí donde parece cumplirse lo que, en su momento, fue defendido por el escritor, médico y dramaturgo ruso Anton Chejov quien decía que “La sabiduría no viene de la edad, sino de la educación y del aprendizaje”. 

Pero como he dicho anteriormente, un centro educativo, y mucho más un centro como éste, tiene que aspirar a más. No sólo debemos centrarnos en lo estrictamente formativo, sino que nuestras aspiraciones han de ir, además, en la gran idea defendida por Aristóteles cuando escribía que “Educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto”. 

Ante esa concepción que, al menos, tenía el filósofo griego, y que coincide en gran medida con la idea que yo tengo de la educación, opté, en mi primera experiencia como profesor de personas adultas, por marcarme un par de objetivos. El primero de ellos fue el que fueseis adquiriendo una mayor autoestima como estudiantes, es decir, en recuperaros para el estudio, pues muchos lo habíais abandonado hacia años. Las razones que llevaron a abandonar el sistema educativo han sido variadas. El trabajo, la familia, los vericuetos de la vida o el mismo sistema educativo os pudieron excluir en su momento. En ese sentido, tengo que reconocer que es cierto que la vida nos lleva siempre por caminos que en ocasiones son tortuosos, largos y tormentosos. Pero que si uno supera esas dificultades, muchas veces vitales, podemos concluir en la misma idea a la que llegó uno de los principales filósofos norteamericanos de la primera mitad del siglo XX, John Dewey, quien dijo que “La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida en sí misma”. 

Una vez cubierto el primer objetivo, engancharos a los estudios, me marqué un segundo: administrar eso que yo, a veces, he comentado en clase y que le llamado la resiliencia. En alguna ocasión a mis alumnos y alumnas de tutoría les he hablado de esa capacidad que tenemos todos los humanos para sobreponernos a las situaciones adversas. Durante estos últimos nueve meses, hemos vivido en no pocas ocasiones momentos de dudas y zozobras, pero es, en esas circunstancias, en las que ha de surgir nuestra capacidad de superación, para seguir, seguir y seguir. 

Para ello, y eso me consta, los profesores y profesoras os hemos animado en múltiples ocasiones a mantenernos firmes antes estas dudas e inquietudes que han ido surgiendo, especialmente, en febrero, durante el meridiano del curso escolar. Una vez aclarados estos dos objetivos, que en principio, me marqué, he de reconocer que a lo largo del curso se han ido produciendo para mí algunos alumbramientos procedentes de mi alumnado. 

El primer descubrimiento de la realidad de la Educación de las personas adultas que me ha ido influyendo en este primer año de servicio aquí, ha sido poner en valor el enorme mérito que supone el sacrificio de vuestro tiempo que, en la mayoría de los casos es muy limitado, y que ha supuesto un elemento de superación en lo personal y que se extiende a vuestras familias. Indudablemente es un sacrificio adecuado, muchas veces incómodo, pero que es precisamente ese esfuerzo realizado con inteligencia y conciencia el que ha dado sus frutos o compensaciones. Ese sacrificio de vuestro tiempo libre va mucho más allá de aprobar un examen o entregar un trabajo – cosas que también son importantes- , ya que en gran medida os habéis transformado en hombres y mujeres modélicas ante los que os rodean. 

Mi segundo descubrimiento ha sido la enorme satisfacción que he sentido cuando alguno de vosotros me habéis dicho lo muy orgullosos y orgullosas que os sentís cuando vuestros hijos e hijas os han preguntado dudas en sus estudios y vosotros habéis podido responder a ellas, cuando antes os sentíais inseguros o impotentes. En ese sentido os habéis convertido en trasmisores no sólo de conocimientos sino de valores. Suponéis, en muchas ocasiones, referencias para vuestros hijos e hijas por ese carácter modélico que os comenté anteriormente. Ahora sois su referencia de futuro. 

Por lo demás, y como en cualquier nivel educativo, he visto en este último año que hemos tenido tiempo para todo. Para trabajar y para reíros, para estudiar y para salir, y para presentar quejas o discrepar, o para sufrir angustias, sinsabores, pero también alegrías. Desde septiembre hasta hoy he comprobado una evidencia: que en la educación de adultos se repiten las mismas funciones básicas que en la escuela ordinaria. Hemos ido desde lo esencial, adquirir las habilidades básicas instrumentales, hasta la adquisición del conocimiento, pasando lo que para muchos ha sido lo más importante: la socialización. De aquí parecen haber surgido amistades inquebrantables, aunque también en ocasiones, fricciones. La Escuela o la Educación de Adultos no tiene que ser la Arcadia Feliz, pues es un extracto de lo que contiene toda la sociedad, y si ésta funciona, la educación funciona, y viceversa. 

Un año da para mucho, incluso para titular en la ESO o en BTO. A los que lo habéis conseguido os tengo que felicitar; a los que no, os tengo que pedir que perseveréis en la consecución de un título que está en vuestras manos. Como afirmaba un líder de la comunidad negra de los años sesenta Malcolm X “La educación es nuestro pasaporte para el futuro, porque el mañana pertenece a la gente que se prepara para el hoy”. Especialmente ese pasaporte es importante para los adultos ya que la formación nos rejuvenece externa e internamente. Y lo importante en la vida, y de eso soy consciente como adulto, es vivirla aunque sólo sea para poder contarla. 

Para acabar, y de cualquier manera, a unos y otros, a todos y todas, os tengo que dar las gracias por haberme enseñando tanto. Nunca he conseguido olvidar – ni quiero- lo que aprendí hace tiempo, y es que, en el fondo, siempre se está en una fase de aprendizaje y en proceso de construcción. Ante esto uno entiende que es difícil ser maestro en algo, y esa imposibilidad es la que te obliga a seguir formándote y aprendiendo, y a disfrutar de ese aprendizaje cosa que yo he sentido en este curso escolar. 

Por último, recordaros algo lo que dijo alguien más trascendente que yo, Confucio, un pensador chino en el siglo V antes de Cristo “La educación genera confianza y la confianza genera esperanza (…)”. 

Yo añado que de la esperanza muchas veces surgen los sueños y, como una vez me dijo se preguntaba una de mis compañeras ¿No estamos aquí para que nuestros alumnos y alumnas cumplan sus sueños?

Muchas gracias a todos y todas, pues ha sido todo un placer haber compartido este año.

jueves, 9 de junio de 2016

Las cerezas del cementerio

Gabriel Miró, para mí, es casi un escritor a pie de página, que estudié en una magnífica materia de COU que se llamó Literatura española y que me permitió conocer a muchos y grandes autores. A unos se le daba mucha importancia y a otros, apenas, unas líneas. Este era el caso de este escritor alicantino nacido en 1879 y que falleció en Madrid , muy joven, en 1930 cuando tenía 50 años. Era un hombre de familia acomodada, que cursó Derecho en Valencia y Granada y que colaboró en varios periódicos y revistas de la época como La Publicidad, El Heraldo, Los Lunes de El Imparcial, ABC y El Sol de Madrid, así como los argentinos Caras y Caretas y La Nación de Buenos Aires. 


Como novelista el escritor alicantino publicó su primera novela a los 22 años, La mujer de Ojeda, y en 1903 editó Hilván de escenas. En su siguiente libro, Del vivir (1904), apareció por primera vez el personaje de Sigüenza, «alter ego» del autor que le acompañó en otras obras posteriores: Libro de Sigüenza (1917) y Años y leguas (1928). Para la mayor parte de la crítica, la etapa de madurez de Gabriel Miró comenzó con el libro que acabo de terminar, escrito en 1910 y que lleva por título Las cerezas del cementerio. 

Recuerdo el título del libro , pues junto Las Figuras de la Pasión de Señor (1916-17) al Obispo Leproso (1926) pudieran ser sus obras más reconocibles. Fue Premio Mariano Cavia, dedicado a las narraciones breves. Sin embargo, como comenta Horacio Vázquez Rial en el prólogo de Las cerezas del cementerio será relegado a uno de los rincones oscuros de la narrativa española, no llegando a ser ni tan siquiera académico de la RAE Gabriel Miró fue un autor leído tanto por sus admiradores como Vale Inclán, Pérez de Ayala, Azorín, o Juan Ramón Jiménez así como sobre la generación del 27 -dado su lirismo- por sus detractores entre los que destaca José Ortega y Gasset. 

Ricardo Gullón ha calificado los relatos de Miró como novelas líricas. Son, por tanto, obras más atentas a la expresión de sentimientos y sensaciones que a contar sucesos, en las que predominan:la técnica del fragmentarismo,el uso de la elipsis la estructura del relato en escenas dispersas, unidas a través de la reflexión y la rememoración en la que la temporalidad incorpora el pasado a un presente continuado, por medio de las sensaciones, la evocación y el recuerdo. Todo ello creó un estilo mironiano caracterizado por la riqueza plástica de su obra, el uso de sinestesias y de imágenes sensoriales, una adjetivación y un léxico excelso, que , a veces, hace que los fragmentos cuesten trabajo entender. En su obra hay mucho del hombre melancólico e introvertido que era, pero también un fuerte sentido crítico contra lo eclesial ; una sensibilidad exacerbada a colores, aromas, texturas y sonidos que refleja en sus obras, de tiempo lento, casi moroso y carácter muy lírico y descriptivo; su estilo, muy elaborado, se halla esmaltado de palabras castizas, arcaísmos y sinestesias. 

Las cerezas del cementerio (1910) está considerada una obra de madurez creativa del autor cuya trama desarrolla el trágico amor del hipersensible joven Félix Valdivia por una mujer mayor (Beatriz) y presenta —en una atmósfera de voluptuosidad y de intimismo lírico— los temas del erotismo, la enfermedad y la muerte.En esta novela intimista y de introspección se aborda el tema del amor o, mejor dicho, la ausencia de ésta . 

El eje central de la historia . aunque no siempre presente, Félix Valdivia, joven de gran encanto y sensibilidad, cuya existencia se orienta claramente a la naturaleza y la mujer, especialmente de Beatriz, mujer mayor casada y de una extraordinaria belleza, que van a encontrarse con el rechazo y la incomprensión de todos.. 

Sin embargo, frente al amor y la vida, Félix topa con la rígida moral imperante en la Valencia de principios del siglo XX, tan avanzada y represiva a un mismo tiempo. Son las barreras morales y religiosas que le impedirán alcanzar la felicidad. Es un libro sobre el amor y la falta de amor, y en él se suceden las historias de enamoramientos. 

Es un libro complejo, abierto a diversas interpretaciones, hace efectivo el propósito del autor de insinuar las cosas y de trazar una novela trémula de emoción y muy personal. Aquí el paisaje valenciano se convierte en un personaje más, sino el principal, a través de descripciones que semejan acuarelas vivas, donde además de los colores, percibimos aromas y sonidos. Estilo pausado, casi lírico, con uso de sinestesias y palabras arcaicas. Una obra literaria para saborearla lentamente. 

El protagonista, enamoradizo y mujeriego, pero de un modo muy espiritual, sufre la incomprensión de todos los que le rodean, que esperan otras cosas de él y no comprenden su sensibilidad ni su amor por la belleza. La historia nos depara un final inesperado, triste pero bello a la vez. Félix muere y es enterrado en el cementerio de Posuna, conocido por sus cerezos de cuya fruta, por respeto o por asco, nadie come. Beatriz e Isabel, joven que también amó a Félix, visitan su tumba y comen la fruta de los «árboles sagrados», sorbiendo y comulgando de esta manera la esencia del amado con la fruta de los cerezos.

Para Miguel Ángel Lozano Marco, este libro “es un ejemplo acabado de novela lírica; posiblemente sea el título representativo por excelencia de esa modalidad narrativa en la literatura española. Si la novela es lírica no lo es sólo por su intensidad y belleza del lenguaje, sino por haberse centrado el narrador en la conciencia de un personaje, Félix, que percibe y da sentido al mundo.” 

Miguel de Unamuno en su prólogo a Las cerezas del cementerio, en Obras completas de Gabriel Miró, 1932 comentó que «A las veces leyendo a Miró le sobrecoge a a uno el misterio de una religiosidad búdica, de un eterno recuerdo, de una eternidad hacia el pasado, de un principio de la conciencia. Y este mismo Félix, ¿qué es sino un recuerdo de su tío Guillermo? ¿Qué es esta novela sino un cuento plenilunar de aparecidos, de fantasmas, de ánimas que se ahogan en la vida que pasa, que se ahogan añusgándose con cerezas del cementerio?» «Las cerezas del cementerio es un libro sobre el amor y, cosa que preocupaba hondamente a su autor, la falta de amor. En él se suceden las historias de enamoramientos, correspondidos y no correspondidos, realizados y no realizados, o realizados torcidamente. 

Constantemente late en sus páginas el deseo, la esperanza del encuentro erótico; pero el eros mironiano no es únicamente físico: está lleno de piedad, de necesidad de consuelo, de ternura, de don, las más veces don de una sola de las partes. Las cerezas del cementerio es una gran novela. Uno confía en que su llegada a manos de un lector apasionado contribuya en algo a hacer justicia a su autor.» 

No es una obra fácil de leer, te obliga a estar permanentemente con un diccionario dada la enorme riqueza léxica que maneja el escritor y la difícil lineal argumental que tiene. Eso sí, las descripciones son maravillosas, inigualables. 

Para Horacio Vázquez-Rial es un libro complejo abierto a diversas interpretaciones, que hacen que sea una novela intimista y de introspección en la que los cerezos del cementerio adquieren un papel casi de comunión con los protagonistas como destaco aquí «Dejaron la aldea, internándose por el cerezal; y ya junto al cercado del cementerio, oyeron voces y, de pronto, Belita y tía Constanza quedáronse pasmadas viendo a las damas de mucha hermosura que estaban alcanzando y comiendo cerezas de los árboles sagrados, la última fruta, la más grande y sabrosa. Las desconocidas, ajenas al entredicho que para todos tenían esos frutales, arrancaban cerezas con infantil donaire y complacencia, y al ver a Silvio y Félix les llamaron pidiéndoles ayuda. […] Y entonces Isabel le gritó que viniese. —Te llaman, Félix. ¿Es ésa tu prima?—le dijo Beatriz. —Sí; la pobrecita me ha pedido que nunca coma fruta de estos árboles. ¡Les tiene mucho respeto de santidad o de asco a la muerte! —Y bajó, dándole a su madrina una rama cuajada del dulce coral de sus guindas. Ella buscó y ofrecióle la más redonda y encendida. Isabel les miraba. Félix adivinó su angustia, y vaciló. ¡Pero es que hasta lo menudito había de inquietarle y torcer su espíritu! ¡Una cereza le llenaba de vacilaciones! Y la comió…» 
Lo desconocía pero la novela fue adaptada para la pequeña pantalla en parte por la Televisión Autonómica Valenciana dando lugar a una miniserie de 120 minutos que fue dirigida en 2004 por el alicantino Juan Luis Iborra, coautor del guión junto a Pedro Gómez y Antonio Albert, e interpretada en sus principales papeles por Concha Velasco, Félix Gómez, Xabier Elorriaga, Juli Mira, Álvaro de Luna, Raúl Julvé, Empar Ferrer y Gretel Stuyck, Empar Ferrer, Rebeca Valls, Anna Moret, Teresa Soria, Concha Hidalgo, Elisa Matilla, Jesús Cabrero, Magüi Mira, Paco Vila.


miércoles, 20 de abril de 2016

Querido Eduardo en el Parnaso

Cuatro o cinco años. No soy capaz de precisar, pero fueron suficientes para ver y comprobar que  nos unía mucho más que unos alumnos, unos recreos, unas guardias o unos cafés. Me lo había avisado mi mujer, cuando llegues a tu nuevo centro te vas a encontrar una magnífica cobertura en lo profesional y lo personal con Eduardo. Y efectivamente, así fue.

No era un profesor más. No quería serlo.  Dominaba su tema, la filosofía, pero lo realmente era la palabra, y junto a ella el encerado y la comunicación, al fin y al calvo, la trasmisión del pensamiento. Podía establecer un hilo de comunicación con sus alumnos y lo que empezaba en lo humano y terrenal acaba en el tratamiento de lo divino en un sentido sublime. Grupo al que daba clase, grupo que quedaba subyugado intelectualmente y bajo su control afectivo, abierto de manera absoluta al aprendizaje.

Fue mi compañero y amigo desde que lo conocí en septiembre de 2006. Nos intercambiamos horas y confidencias, ajustamos horarios para que pudiera ir a una lectura poética de su obra, para ser jurado o para leer sus poemas acá y allá. Estuvo en México en la Feria del libro de Guadalajara y nos trasmitió su experiencia entre lo más granado de los escritores.

Cuando intervenía en alguna mesa, nos transmitía antes su agitación previa y después su satisfacción. Lo suyo, a pesar de su nacimiento y estancia hasta la adolescencia en Brasil, a nivel de conversatorios , palabra que no existye pero que me gusta,   no era el fútbol,sino otros temas como el cine, la filosofía y sobre todo la poesía. En ese sentido era muy celoso de su intimidad. Nunca nos comentaba qué estaba escribiendo ni de dónde se había inspirado ,aunque en una ocasión, rompiendo con su silencia creativa, nos lo comentó.

En nuestro caso, al estar en las trincheras de la educación hablábamos más de lo humano que de lo intelectual. Como ser rabiosamente humano que era, le angustiaba lo cotidiano, le indignaba la política, le abrumaba la administración  y no consentía la mala educación. La familia para él era un tema, hablando en su pasado más remoto, en cierto sentido doliente. Recuerdo una intervención suya en un claustro que nunca tuve claro si hablaba de  sí mismo, en una sufriente primera persona,  o de nuestra labor profesional.

Fue premiado, y en múltiples ocasiones, pero lo que más ilusión le hizo, lo sé, fue verse dentro de una antología de la nueva poesía española. Un recuerdo imborrable para mí está en ese taller de caipirinha en junio de 2007 que se nos ocurrió montar: Cachaça hielo, azucar y lima... Y tras ello risas...

Hoy al saber de su muerte no he podido evitarlo.He buscado algunos de sus poemas y me he decantado por estos dos pues, al fin y al cabo, ambos fueron escritos en ese momento en que nuestros caminos profesionales se cruzaron. El primero se llama Física Aplicada y el segundo el Arte del encuentro.
Suponiendo que un hombre, una mujer
parten de puntos divergentes, dispersos en un plano,
lugares que se ignoran entre sí,
y a la velocidad del entusiasmo 
emprenden la aventura, se ponen en camino, 
van por ahí remando en aguas turbias, 
van por ahí escuchando el vasto germinar de las semillas, 
al acecho, en sigilo, ahuecando la tierra a la esperanza, 
suponiendo que trazan trayectorias de curso irregular, 
cada cual a su amor, virando al viento, 
quebradas trayectorias cuyo sentido puede 
al mínimo temblor girar hacia el vacío, 
suponiendo el afán, la búsqueda, la sed, 
el ensueño del goce, la ilusión y la ausencia, 
calculemos, a golpe de intuición, 
cuántas veces tendrán las trayectorias 
que cruzarse en el brillo de unos ojos, 
unos labios que invitan, unas manos que asienten, 
para incendiarse a un tiempo, hombre y mujer, sembrar la tierra 
de llamas como ráfagas de lluvia. 

 Eduardo García: La vida nueva. Madrid, Visor, 2008.

Estés dónde estés, aunque seguro que ahora habitas en el Parnaso, esa morada de Musas que te inspiraron en tantas ocasiones, en esa patria de los poetas, te envío desde aquí, el mundo terrenal,  un fuerte y eterno abrazo. 


EL ARTE DEL ENCUENTRO

Yo que nací para la vida nómada,

yo que he soñado el don de las navegaciones,
he sido un funcionario. Disculpad, compañeros,
si me visteis sonámbulo vagar por los pasillos,
distraído atender vuestras razones,
si se me emborronaba la mirada
y escaleras abajo
se me fugaba el alma a otro país.

Y sí, tenéis razón, ya me hago cargo.
Erré la perspectiva, ahora lo sé.
Creía que el trabajo 
era tan sólo una hipoteca,
un cautiverio a plazos, el precio de la vida
que más allá de la verja me aguardaba.

Y sin embargo
lo cierto es que no hay verja ni frontera
que rasgue nuestra vida en dos, no hay muro
capaz de contener el entusiasmo. Somos 
a un tiempo aquí y allá, 
con la entraña empeñada en todos los peldaños,
en la cama, en la calle, en la camisa.

Quizá por eso
me he dejado la piel entre estos muros,
derrochando el afán y los zapatos 
no menos que en mi más secreta intimidad, 
psiquiatra improvisado
probando a conservar la calma en el delirio, 
en la perpetua marejada adolescente.

Si no me he derrumbado en el intento
a vosotros lo debo. Tenéis mi gratitud
por la mano tendida en el momento justo,
por la palabra cómplice y el guiño,
por mirarme a los ojos
cuando me atenazaba el desaliento,
por arrojarme el salvavidas del humor.

Mas ya me conocéis, 
lo mío es navegar de puerta en puerta,
arrojarme al sendero, estar de paso,
escapar al carril de la costumbre
para sentirme vivo, 
para recomenzar.

Dondequiera que vaya vendréis todos conmigo,
poblaréis mi memoria de ocasiones.
Con sangre pagaré el billete para el viaje. 
Pues la vida es el arte del encuentro
celebro cuanto pude vivir a vuestro lado.
Me quedo mi agujero. Os dejo mi amistad. 



Eduardo García
en Córdoba, a 15 de Septiembre de 2010


miércoles, 13 de abril de 2016

Razones para leer al chivo


Son varias las razones que me llevaron hasta esta joya de la literatura en castellano que es La fiesta del chivo novela escrito en el año 2000 por el escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura en 2010. 

Las dos razones principales para ello tienen que ver con dos experiencias personales. La primera, estrictamente familiar. La República Dominicana era algo cercano a mi familia. Desde pequeño me habían parecido alucinantes los muchos sellos que había en casa timbrados desde este país caribeño, Esto se debía a un tema familiar. Una tía abuela, hermana de mi abuela Joxepa, llevaba allí desde tiempo inmemorial, Vivía en Santiago y ejercía allí su docencia como maestra y la espiritual como monja dentro de la orden de las Mercedarias de la Caridad. La vía de comunicación con su hermana y sobrina, mi madre, era la epistolar y desde las mismas nos llegaba información sobre la vida en la isla.

La segunda razón es también personal, Me encontraba en octubre de 1992 en el aeropuerto de barajas, haciendo hora para tomar un vuelo que se dirigía a Vigo, por razones que ahora no vienen al caso. La larga espera  me llevó a iniciar la lectura de un libro. Se trataba de la obra la Muñeca Rusa, un libro de relatos cortes de un  escritor argentino, Adolfo Bioy Casares.  Mientras lo leía un señor se sentó a mi lado. Yo, inicialmente no le hice mucho caso. Pero al cabo del rato descubrí que la persona en cuestión era Mario Vargas Llosa. Me puse nervioso, mientras el escribía en un cuaderno. ¿Qué escribía? No lo sé, pero cuando tuve valor me presenté y le declaré que era un admirador suyo desde que había leído uno de sus primeros libros: La ciudad y los perros y La guerra del fin del mundo. Tras cruzar una conversación banal en la que el marchaba a Londres , pues creo que, por entonces vivía o daba clases allí- lo cierto es que me despedí de él y en respondió muy cortés, levantándose, dándome la mano   y diciendo que estaba encantado de conocernos. Entiendo que era cortesía y educación americana, pero fue todo un placer.

Vargas Llosa, ya por entonces Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1986, más tarde publicó Los cuadernos de don Rigoberto (1997), que no leí, aunque el siguiente sí que cayó en mis manos. Era La Fiesta del Chivo (2000)   

El libro se ambienta en la República Dominicana y retrata la preparación del atentado que culminará con el asesinato del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y sus secuelas, desde dos puntos de vista con una generación de diferencia: durante e inmediatamente después del asesinato en sí, en mayo de 1961, y treinta y cinco años más tarde.

En todo, también hay una amplia reflexión sobre el apogeo de la dictadura, en la década de 1950, y su importancia para la isla y sus habitantes.

La novela sigue tres líneas narrativas entrelazadas. La primera se refiere a una mujer, Urania Cabral, que está de vuelta en la República Dominicana, después de una larga ausencia, y lo hace para visitar a su padre enfermo en el presente - 1996-, y que termina recordando un miserable incidente de su juventud que reactiva un viejo recuerdo en virtud del cual descubrimos su violación siendo una niña por parte del Chivo.

La segunda historia se centra en el último día en la vida del generalísimo Trujillo tras 31 años en el poder en ese mayo de 1961, desde el momento en que se despierta en adelante, y nos muestra el círculo interno del régimen, con Joaquín Balaguer a la cabeza y entre los que se encuentra Cabral, el padre de Urania, una vez perteneció y los familiares del dictador.

La tercera historia describe a los asesinos de Trujillo, muchos de los cuales habían sido leales al gobierno, mientras esperan el coche del Presidente tarde esa noche.

Después del asesinato, esta historia nos muestra la persecución y la brutalidad con la que se reprimieron a los participantes en el atentado, especialmente llevado por los hijos del dictador: Rafael Leonidas (Ramfis)y Rhadamés.

El libro es un retablo de la República Dominicana en el que descubrimos la posición omnimoda del dictador, la capacidad del régimen para perpetuarse en el poder, la vida del megalómano Trujillo, pero también nos acercamos a sus conspiradores.

La novela trata del poder y de la corrupción del sometimiento, de la cobardía, del machismo y la perversión sexual  de la memoria, en ocasiones dolorosa y de la necesidad de no olvidar,

La historia de Urania acaba cuando ella termina narrando los terribles acontecimientos que condujeron a su salida del país a la edad de 14 años.

Vargas Llosa a la hora de narrarnos el relato mezcla la realidad de unos acontecimientos , así como la ficción. Es un libro sobre algo que pudo ocurrir pero no hay constancia de que ocurriera.

Por supuesto en la novela si aparecen personajes reales y el escritor los describe tanto desde el punto de vista físico sino desde el punto de vista moral, en este sentido casi los desnuda.

En palabras de Vargas Llosa, "es una novela, no un libro de historia, por lo que me tomé muchas, muchas libertades. [...] He respetado los hechos básicos, pero he cambiado y deformado muchas cosas con el fin de hacer la historia más persuasiva y no he exagerado."

La fiesta del chivo recibió comentarios positivos en gran medida, con los comentaristas del libro destacando la representación de la relación entre la sexualidad y el poder, y las descripciones explícitas de hechos violentos. 
De aquí salté a otro libro con contagio, Galíndez, del año 1990, una crónica de una investigación sobre el secuestro, tortura y asesinato de Jesús Galíndez creada por Maneul Vázquez Montalbán. Libro que por cierto recomiendo, aunque siempre me preguntaré si aquel compañero de viaje que durante unos minutos lo fue estaba escribiendo algunas páginas de este libro.

jueves, 31 de marzo de 2016

Controlaré tus sueños


Mi lectura de febrero ha sido la quinta novela de John Verdon que vuelve a tener como protagonista al detective Dave Gurney en un enrevesado caso. En esta ocasión como en las tres últimas novelas lo he leído en soporte digital, formato del que voy y vengo según la ventolera que me de en cada momento. He tardado másde lo previto, pero estando una Semana Santa de por medio y unos exámenes sumado a las evaluaciones y al mayor número de películas vistas me ha limitado en exceso el tiempo de lectura. 

Como siempre la novela tiene un preámbulo que se acerca muy transversalmente al contenido de la misma. Esta empieza por una breve narración sin protagonistas reconocibles inicialmente y que comienza así: 

 "Más allá del terror. Estaba tiritando a la luz de la luna, en el lugar acordado, entre las dos cicutas gigantes que se alzaban al extremo del lado congelado. En la distancia, oyó la motocicleta que se acercaba; primero en Bale Brook Road; luego en el camino serpenteante que llevaba desde la carretera hasta el lago." 



En este caso la historia de este narrador norteamericano se centra en el asesinato  más que improbable suicidio de cuatro personas que tienen el mismo sueño y que luego, aparentemente,  se suicidan. 

Estamos ante el quinto caso del detective Gurney que vuelve a enfrentarse a otro crimen que parece inexplicable Como suele ser habitual la historia se desarrolla en esa región del sureste del estado de Nueva York que son los Catskill, en concreto en una casa de labranza en el condado de Delaware, a 8 km de un pueblo llamado Walnut Crossing. más cercana a la capital Albany que a la Gran Manzana y formado por colinas ocupada por una importante área forestal, Aunque en esta ocasión la mayor parte de la historia se desarrolla en el Parque nacional de las montañas de los Adirondack, algo más al norte, en donde, por cierto , no hay ningún Lago del Lobo.

En la historia nos encontramos al perspicaz David Gurney que en esta ocasión va acompañado de esa remora narrativa y personal que es su esposa Madelaine y un genial detective privado Hardwick .

Como siempre aburrido por esa vida a la que se ha visto condenado tendrá que enfrentarse a un nuevo caso en el que cuatro personas de una edad similar, se suicidan del mismo modo dejando testimonio de una pesadilla recurrente antes de cometer los suicidios. Lo más sangrante es que todos ellos habían tenido contacto con la hipnosis como terapia para acabar con sus filias y fobias.

Mientras que la policía se inclina por algo tan peculiar como un "suicidio inducido" Gurney recibirá la petición de Jane Hammond, la hermana del principal sospechoso para que ayude a un hombre que se declara totalmente inocente. En esta ocasión, Gurney se enfrenta a un caso que recuerda mucho al primero de la saga, ya que parte de un hecho altamente improbable,y con un mismo sueño recurrente que, por cierto, han dejado por escrito: un lobo, colmillos, ojos, un cuchillo... .

A esta trama se le suma una historia oscura del pasado en el que su mujer tiene cierto protagonismo, así como un asesinato o desaparición ocurrida hace años en un campamento de verano con ciertos rasgos de homofobia. Es cierto que parte de sus descripciones y lenguaje se acercan a los cinematográfico. Un dato absurdo que ha desaparecido de las obras anteriores especialmente de la primera, parece haber huido de su adicción al café.

El resultado es una obra parecida a las anteriores en la forma y en esta historia en el fondo por lo que hay que reconocerla como una obra entretenida y y de lectura muy ágil. En esta 'Controlaré tus sueños' el detective va a contracorriente de la policía, y de hecho va a ser perseguido o investigado por un servicio secreto de su propio país, en ese fenómeno post11-S. A resaltar el peso que tiene en esta quinta entrega la mujer. Un peso que llega a ser terriblemente plúmbeo. Estoy convencido que ai sobrevive el detective y sus historias se hará a costa de Madelaine. ¡Qué cruz de mujer!.

En Babelia Justo Navarro escribió el 8 de diciembre pasado que en este caso John Verdon apuesta por los Asesinatos con magia buscando el crimen perfecto y un juego de prestidigitación Controlaré tus sueños o Beware of the Wolf, en su versión original, que significa literalmente cuidado con el lobo es una obra que se puede leer y que combina bien, no digo magistralmente puesto que a mi es lo que me parece, la sospecha, el sentido del juego, el sadismo, la magia y la trampa.

 La versión que he leído de Controlaré tus sueños es un traducción de Javier Guerrero. Roca Editorial. Publicada en Barcelona, octubre de 2015 y con 499 páginas.

sábado, 12 de marzo de 2016

Emerson, Lake and Palmer


Llevaba un par de semanas escuchando en el coche un CD que contenía el álbum completo del músico escocés Al Steward, en concreto, Year of the cat del año 1976 , pero como me quedaba espacio en el CD metí algunas canciones entre ellas unas cinco de un trío tremendamente famoso en los 70 de nombre inolvidable, básicamente por su introducción en una pieza musical con un inolvidable Ladies and Gentleman: Emerson, Lake & Palmer.

La historia de la banda comienza en 1969 cuando Carl Palmer , batería procedente de Atomic Rooster, le dio por unirse al guitarrista y vocalista Greg Lake de otra banda mítica, King Crimson, y al teclista británico Keith Emerson procedente de The Nice para fundar la banda que en los años 70 dejó imborrable huella en discos como 'ELP', 'Trilogy', 'Brain Salad Surgery' y 'Pictures at an Exhibition', directo grabado en uno de sus teatrales conciertos en directo. 

Uno de los rasgos que mejor definían la música de este grupo era el sonido de su sintetizador sintetizador Moog descubiero por Keith Emerson en 1968 escuchando el Switch-on Bach de Wendy Carlos. 

Al año siguiente Emerson se unió a Lake y Palmer. Como trío estuvieron presentes en el festival de la Isla de Wight en 1970, lo mismo que ya había hecho, por ejemplo The Who en un magnífico concierto en directo. 

Entre este año 1969 y el año 1979 año en que la banda formalizó su separación grabaron seis de los discos . Sin embargo, uno de los aspectos más representativos de la banda fueron sus directos , algunos convertidos en grabaciones, que eran todo un espectáculo, aunque su teatralidad, ejemplificada en gestos como tocar directamente las cuerdas del piano, o el uso de cuchillos en las teclas para prolongar los sonido, no era del gusto de todos ni fue unánimemente aplaudida. Alcanzó su mayor popularidad en década de 1970, vendiendo más de 35 millones de discos entre los que destaca Trilogy, Tarkus o Peter Gunn o  Pictures at a exhibition y realizando multitudinarios conciertos por todo el orbe. 

La espectacularidad de sus grabaciones y presentaciones les pusieron a la altura de las grandes bandas de su época. Según le explicó el propio Emerson a 'The Guardian' en 2002, querían "crear una banda de tres piezas con el mayor sonido posible, una especie de orquesta eléctrica de tres hombres. Teníamos un ambicioso repertorio de clásicos rockeados basados en Bach, Bartok, Janacek, Mussorgsky y Ginastera intercalado con blues, boogie, rock'n'roll, y experimentábamos, extemporizábamos, cualquier cosa". 

Cuando la banda se separó Keith Emerson, participó en diferentes proyectos con sus antiguos compañeros, grabó discos en solitario y bandas sonoras, como la de 'Inferno', de Dario Argento. 

Actualmente lideraba la Keith Emerson Band, que debía iniciar una gira por Japón el mes de abril. Sin embargo esta gira no tendrá lugar, ya que en el día de ayer el cuerpo de Keith Emerson fue localizado con un disparo en la cabeza, Tenía 71 años. 

Desaparece con él "un pionero y un innovador cuyo genio musical nos tocó a todos en el mundo del rock, de la clásica y del jazz" y una leyenda del teclado que aportó al rock una variante del que será considerado como padre, el rock progresivo, y un gran músico pionero en la experimentación con sintetizadores que alcanzó su culmen . 

Fue un auténtico monstruo del Hammond que lo manejará en rock, jazz y hasta en lo clásico. Vamos un genio del que disfrutamos, disfruto todavía en mi coche con su fantástico "From The Beginning" , ese homenaje a la música clásica que "Jerusalem", con su poderosa "Lucky man" , o su "Fanfare for the Common Man" y por encima de todos , al menos, para mí, su Peter Gunn Theme, nominado al Premio Grammy por Mejor Interpretación Rock Instrumental. QEPD