domingo, 31 de agosto de 2014

La ciudad escarlata


La obra de la historiadora y escritora holandesa Hella S. Haasse fallecida en 2011 no me ha aportado gran cosa. Un momento brillante, la descripción del Sacco di Roma, un dato bastante irrelevante, la pertenencia de Giovanni Borgia al linaje de los Farnese y no al de la familia de Xátiva, y poco más. A lo largo de las más de 350 páginas mucha disquisiciones, más femeninas que masculinas, unos personajes que entran y salen en repetidas ocasiones  el nombrado Giovanni Borgia, Pietro Aretino, Miguel Ángel, Macchiavelli, Vittoria Colonna, Tulia de Aragón utilizados como pretexto a una historia sin historia. Un telón y poco más. Haasse aborda la agitada historia de la Roma renacentista del XVI desde el tema tan contemporáneo de la identidad.
En una de sus obras autobiográficas, Tarjeta de identidad, Haasse dice de La ciudad escarlata que la novela es el retrato de una realidad cambiante en la que la única posibilidad de supervivencia de un individuo "reside en elegir una identidad por sí mismo".
En eso he empleado el tiempo para leer este libro que me ha costado Dios y ayuda el terminarlo, pues muchas han sido las ocasiones cercanas al abandono. 

sábado, 16 de agosto de 2014

Mariona Rebull, señora de Rius



Este año , prácticamente, lo comencé viendo a  través del fondo documental que tiene en red televisión española una serie que recordaba vagamente, y que no pude ver de niño, pero de la que recordaba su nombre. Se llamaba La Saga de los Rius. Curiosamente la tuve que ver en catalán, idioma que respeto y no manejo, pero que si me esfuerzo entiendo. La serie fue vista y comentada y , ligeramante, recordaba quien era su autor y su proagonista femenina. La masculina indudablemente era el señor Rius, Don Joaquín. Pero el inolvidable nombre de la protagonista femenina es quien da título a la obra firmada por  Ignacio Agustí. El título, vale, lo digo: Mariona Rebull.

Mariona Rebull es una obra del escritor español Ignacio Agustí publicada en 1943. Pertenece a su más famosa saga La ceniza fue árbol, publicada entre los años 1942 y 1972 compuesta por otros cuatro volúmenes: El viudo de Rius, Desiderio, Diecinueve de julio y Guerra Civil.
La idea central de esta novela gira en torno al fracaso matrimonial entre Mariona y Joaquín Rius, quien sólo se casó para mejorar su posición social, hombre sin inteligencia emocional alguna y alejado de la idea del amor. Mariona, desde muy joven, se enamorará de quien no la quiere, en este caso un político que. finalmente, parece decidido a quererla: Ernesto Villar.

Una historia de amor con dos partes claramente diferenciadas: el noviazgo entre Joaquín Rius y Mariona y el matrimonio que fracasa y deriva en adulterio femenino, uno de los temas de la novela del siglo XIX, que el autor recupera, poniendo especial énfasis en los tres personajes del triángulo: el marido austero y aburrido, la mujer insatisfecha y soñadora y el amante frívolo y vividor.
En este triángulo amoroso y enmarcado en el inicio de la revolución textil catalana de finales de los años cercanos a la exposición de Barcelona de 1888 y los iniciales del siglo XX transcurre esta historia de celos y tensiones coyungales que se mueve entre la historia de una laboriosa ciudad y el retrato de los ambientes burgueses de Barcelona que vive como lo titula Luis Racionero su "belle epoque" en torno al año 1900 y que tiene como epicentro de la vida social, con sus bailes, puestas de largo, veraneos campestres y, - ¡ahí Millet, lo que has cargado!- el Liceu de la capital catalana.
Una obra absolutamente digerible, con el gusto por un lenguaje algo engolado como el que podía ser el de la época y aunque Agustí creía que la novela como género poseía unos rasgos inmutables (narrador omnisciente, orden cronológico, descripción y caracterización de los personajes), su propia trayectoria narrativa confirma suficientemente que la novela realista del siglo XX tampoco en su lenguaje podía ser idéntica a la escrita en el XIX. El estilo de Agustí, el tono lírico de su prosa, con su adjetivación profusa y reiteradas imágenes vanguardistas, son muestra inequívoca de ello. Como dice Racionero este libro es como un ballet descrito "Un canto del cisne".

miércoles, 13 de agosto de 2014

Lecciones de florete



No voy a descubrir ahora al gran Arturo Pérez Reverte. He leído muchas cosas suyas. Desde la saga Alatristre, pasando por obras menores como Cachito y por obras mayores como la Reina del Sur o el Tango de la Guardia Vieja, visto hace un par de meses. Entre medias otro buen puñado de obras inspiradas en la historia contemporánea española en relación a las tropas españolas  que lucharon junto a Napoleón en el frente ruso, o las que hacen referencia a Trafalgar o al levantamiento del 2 de mayo.
Sin embargo, reconozco no haber leído otras pertenecientes a su primera época como el Club Dumas o la Tabla de Flandes.  De entre las no leídas quedaba una por la que me había interesado hace tiempo, pero que no había tenido ocasión de leerla. Conocía su contenido al detalle, pues había visto la película dirigida por Pedro Olea en 1993 y protagonizada por Omero Antonutti y Assumpta Serna hace muchos años, pero, el libro, la base, no. Como ya era hora, ya lo he hecho.





El maestro de esgrima fue la segunda novela publicada por este antiguo reportero de televisión española. Fue publicada en 1988 y se desarrolla en el entorno contextual de la caída de Isabel II y la revolución septembrina.

El protagonista absoluto es Don Jaime Astarloa, un viejo maestro de esgrima, que trabaja dando clases de florete a algunos nobles de la capital. De orgulloso carácter y hombre de palabra lleva una vida gris dando clase de un arte ya decadente como es la esgrima. Toda su vida cambia cuando entra en juego una dama, una misteriosa mujer, Adela de Otero, que desea tomar clases de esgrima con el maestro Astarloa, y comienzan a suceder hechos, engaños y asesinatos que lo involucran y, sobre todo, le incumben. Y todo ello en los momentos en que el general Prim acecha ya al gobierno de Isabel II y la revolución es el tema de las tertulias de café.
Con la corona tambaleándose, la muerte de su amigo Luís de Ayala-Vallespín, marqués de los Alumbres, por medio de su estocada de los doscientos escudos. La resolución de la novela te permitirá encontrar su obsesión profesional con la que estaba planeando de toda su vida: hallar la estocada perfecta. Y a bien que lo consigue. El maestro de esgrima es una novela cercana al realismo galdosiano de finales de siglo XIX. Reproduce con bastante fidelidad las mismas características que encontramos , por ejemplo, en la Fontana de Oro: la típica tertulia, el trasfondo del conflicto político, una sociedad corrupta y dividida como era la sociedad isabelina y es la actual. 

José Belmonte Serrano dijo de esta obra en El País, que " En El maestro de esgrima, el lector atento podrá hallar uno de los pasajes más logrados, sugerentes, sutiles, eróticos y tiernos de toda la carrera literaria de su autor: ese instante, ya iniciado el capítulo tercero, en el que Astarloa, el hombre recto e inquebrantable, lucha contra la tentación de mirar por la rendija de la puerta a Adela de Otero, cuando el crujir de las enaguas delata que se está cambiando de vestido. Sencillez, que no simpleza, en el lenguaje. Moteado, en ocasiones, de remansos de lirismo.
Estilo sobrio y ferviente deseo de hacer disfrutar a los que se acerquen a estas páginas. O lo que es lo mismo: planteamiento, nudo y desenlace, a la manera clásica. Sujeto, verbo y predicado, y las comas en su sitio. Así como pequeñas historias intercaladas que dan vida a unos secundarios trazados con notable maestría. Sin olvidar la influencia de las más modernas técnicas cinematográficas en ese juego de luces y de sombras. Y el obligado tributo a maestros de la literatura francesa como Dumas, con elementos folletinescos con los que logra hacer disfrutar a cualquier lector. 

Esta obra de Reverte, yo he leído la versión publicada por el diario El mundo en 2001 y que está prolagada por José Perona, se centra en un tema tan español como el honor y la honestidad, valores que llevan al protagonista Don Jaime, a caer en las trampas que certeramente le tiende la joven Adela. Y lo hace al estilo de Pérez Reverte, directo, preciso, sin concesiones, como una estocada de florete. Un buen libro.


domingo, 10 de agosto de 2014

La soledad cercana al tremedal - vista por Gabo-



Era un reto. Tras varios años evitándolo, en estas semanas me he enfrentado a los “Cien años de soledad”, la obra de un Gabo recientemente fallecido. Posiblemente haya sido esto último lo que me ha llevado al libro. Un clásico actual de la literatura escrita en castellano que mil veces había evitado. Era el momento. La obra modélica del realismo mágico, que había empezado con Juan Rulfo y su Pedro Páramo, tiene su espacio y su familia. Será Macondo el escenario por donde pasan los miembros de esa saga ¿heroica? de los Buendía.
La novela Cien años de soledad fue escrita por Gabriel García Márquez durante dieciocho meses, entre 1965 y 1966 en la Ciudad de México, y se publicó por primera vez el 5 de junio de 1967 en Buenos Aires. La idea original de esta obra surge en 1952 durante un viaje que realiza el autor a su pueblo natal, Aracataca, en compañía de su madre. En su cuento «Un día después del sábado», publicado en 1954, hace referencia por primera vez a Macondo, y varios de los personajes de esta obra aparecen en algunos de sus cuentos y novelas anteriores.

Es cierto que la obra que nace y muere en Macondo abruma y que al propio escritor - en algún momento- le apesadumbró de tal manera que asi la repudiaría como se refleja en esta entrevista recuperada tras su muerte por el diario ABC.


Gabriel García Márquez inicialmente le presentó Cien años de Soledad a Carlos Barral, quien a mediados de los años 60 dirigía la que en ese entonces era la editorial de vanguardia en lengua castellana Seix Barral de Barcelona, pero Carlos Barral le dijo a García Márquez: «Yo creo que esa novela no va a tener éxito, yo creo que esa novela no sirve». Luego del traspié inicial, García Márquez envió el manuscrito a la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, donde Francisco Porrúa, su director, decidió publicarla de inmediato. Porrúa tras leer su inicio decidió nada ver lo siguiente:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
El libro se compone de 20 capítulos no titulados, en los cuales se narra una historia con una estructura cíclica temporal, ya que los acontecimientos de Macondo y las siete generaciones de la familia Buendía, así como los nombres de los personajes se repiten una y otra vez, fusionando la fantasía con la realidad.

En los tres primeros capítulos se narra el éxodo de un grupo de familias y el establecimiento del pueblo de Macondo, desde el capítulo 4 hasta el 16 se trata el desarrollo económico, político y social del pueblo y los últimos cuatro capítulos narran su decadencia.
Y tras la lectura ¿qué?. Comentar que no es un libro fácil ni por su estructura narrativa ni por la presencia de los Buendía que sobreviven en el tiempo y que tienen en la soledad su característica esencial.
El tono narrativo es claramente definido por una tercera persona o narrador pasivo externo a la historia que nos va relatando con naturalidad y de forma imperturbable los acontecimientos sin formular juicios y sin marcar una diferencia entre lo real y lo fantástico. Desde el principio, el narrador conoce la historia que nos cuenta no pausada, pero sin estridencia. He tenido la sensación de que estaba usando un tono neutro, a veces, susurrante con la sonoridad latina.

Durante la novela, todos sus personajes parecen que están predestinados a padecer de la soledad, como una característica innata de la familia Buendía visible desde el fundador de Macondo, José Arcadio Buendía (quien muere solo, atado a un árbol) hasta el Buendía con el que acaba la obra, Aureliano Babilonia quien se pasa encerrado en el cuarto de Melquíades o vive solo en la casa de los Buendía, antes de la llegada de Amaranta Úrsula, y de cuya relación surge el último Buendía, Aureliano que nace con la cola que tanto temor generó en la dinastía. Todos sufren las consecuencias de su soledad y abandono.


A estos se suman el aislado de Macondo que lo aleja de la modernidad, siempre a la espera de la llegada de los gitanos para traer los nuevos inventos; y el olvido como respuesta a los trágicos acontecimientos en la historia.Como se nos dice en el último capítulo el pasado es siempre mentira, que la memoria no tiene camino de regreso, que toda la primavera antigua era irrecuperable , y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera”.

La razón primordial por la cual sus personajes terminan solos es su incapacidad de amar o sus prejuicios, algo que se rompe con la relación entre Aureliano Babilonia y Amaranta Úrsula, pero que provoca el final de la estirpe dada la muerte del único hijo procreado con amor por los Buendía y que es devorado por las hormigas.
El mensaje de esta historia es muy claro pero a la vez complejo, el mundo en sus orígenes era un mundo de paz y tranquilidad pero, con el transcurso de los años, se va destruyendo con la tecnología. Se pasa de la regulación natural paradisíaca a la regulación legal de un gobierno y de una autoridad, que genera la destrucción y el caos, perfectamente expresado a través de las rivalidades políticas.

De cualquier manera todo es posible en Macondo, con un área cercana al tremedal, en el que todo retumba, con personas que sobreviven con creces al centenar de años, lluvias que se alargan en el tiempo, apariciones y diálogos con muertos en una aldea en la que inicialmente no había muertos. 
Pero en el transcurso de la historia este mundo de realidades mágicas se ve afectado cuando entra "el mal" en Macondo, la autoridad gubernamental, las armas, la política, las guerras civiles, el banano, la pobreza, las matanzas, las sequías, la llegada del ferrocarril todo en conjunto trae la muerte y la destrucción de Macondo.



Como en el último capítulo yo creo que Cien años de soledad surge por el fervor a la palabra que, por ejemplo, sentía el vendedor de libros catalán y que esta era “una urdimbre de respeto solemne e irreverencia comadrera”.
La verdad de toda la historia está en sus últimas páginas cuando Aureliano descubre y pone orden en las claves del manuscrito escrito por Melquíades que ponían orden en el tiempo y el espacio de los hombres: “El primero de la estirpe está amarado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”.
Y como dice los tres últimos renglones del libro “lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.