miércoles, 1 de julio de 2015

Sin City



Sin City como la Robert Rodriguez, Quentin Tarantino, Frank Miller o una Ciudad llamada Malicia (Town called malice) como cantaban The Jam pudiera ser el nombre que hoy reciben Las Vegas. Así se puede llamar a esta ciudad de Nevada que fundada por un español - Antonio Armijo- que recibió el nombre de Las Vegas, ya que al llegar aquí desde Texas descubrió que algunas áreas bajas del Valle existían manantiales que creaban extensas áreas verdes que contrastaban con el desierto que las rodeaba. Ahora lo que llamaba la atención esa esa enorme avenida que había podído ver desde el avión, justo al dado del aeropuerto McCarran, que estaba encabezada por un enorme hotel casino, el Mandalay, al lado de una inmensa Pirámide, el Luxor.


De cualquier manera nada más salir del avión lo primero que encontré fue una enorme sala con tragaperras en la que un par de señoras jugaban y otra vigilaba.




Me paré e intenté sacar a uno de mis hijos una foto sentado delante de una de esas máquinas y, de inmediato, la señora que vigilaba me llamó la atención y me dijo que los menores tienen prohibido acercarse siquiera a las mismas. Me sorprendí, pero seguimos adelante por unos pasillos con bastante gente.



En una de sus muchas tiendas nos paramos pues algunos de mis hijos querían comer algo y pedimos una cuña de pizza con champiñones, daba igual que los tuviese, el hambre podía con todo. Una vez comprado tuvimos que subir en el airtrain para recoger nuestras maletas que , de inmediato, empezaron a salir por la cinta. Una vez con ellas preguntamos a una chica dónde estaban los autobuses y nos comentó que siendo cinco podía resular más rentable tomar un taxi para cinco pasajeros. Le hicimos caso y salimos por la puerta de nuestra derecha a la línea de taxi. Ya en la calle notamos lo que habíamos leído en tantas ocasiones, la bofetada de calor. Era una calor seco, y en temperatura muy similar a la de Córdoba. 

Nos colocamos a la cola y de inmediato se presentó un taxista. Cuatro atrás y yo junto a él. Como sule ocurrir el taxista comenzó a hablar y nos hizo la inicial pregunta de rigor: Where are you from? Tras esa estuvimos los diez minutos del trayecto en una amena conversación sobre el calor - aquí y allá-, sobre qué estados íbamos a visitar - con la típica bromita de que en Montana hay más vacas que personas- ; sobre el papel de Las Vegas como centro de servicios - según el conductor del taxi en ella no se produce nada -. 

Nos comentó igualmente que era una ciudad cara y que merecía la pena y que no. Nos hablo de los principales casinos y, yendo con niños, nos recomendó el Circus Circus. También lanzó pestes del que estaba frente a nuestro hotel, el Westgate, el casino que había usado a Elvis como icono de Las Vegas, ahora , según, él era muy decadente. Nos llevaba por grandes y desiertas avenidas parando cerca del actual centro de Congresos, un inmenso edificio, que había provocado la decadencia del Riviera, que estaba al lado de nuestro hotel, en Paradise Road ya en el condado de Winchester. Poco antes de llegar al mismo vi un motel, el Siegel Suites Bonanza, que llevaba el nombre de Siegel. Y en ese momento recordé la historia del origen de Las Vegas como ciudad del Ocio, vinculada a Benjamin "Bugsy" Siegel, el hombre que creó Las Vegas. 




Tras esa reflexión llegamos a nuestro hotel: el SpringHill Suites by Marriott Convention Center Las Vegas en el 2989 de Paradise Road. Una vez dentro y pagado al taxista con su debida propina fuimos a la recepción. Muy amablemente nos dieron la llave de una suite para cinco personas. La habitación estaba muy bien y tras refrescarnos y dejar lo innecesario salimos a la calle. Allí una bofetada de calor nos recibió. 
Unas primeras fotos con el Westgate y el Riviera de fondo y a caminar por unas calles desiertas. El calor subía por nuestros pies. El ambiente abrasador, pero era lo que queríamos estábamos en Las Vegas, intersección necesaria para nuestro camino hacia Montana. Tomamos la Convention Center Dr. y la subimos dirección al Strip dejando a nuestra izquierda unos abandonados Somerset Shopping Center y unos moteles de unas planta que , seguro que su momento, tuvieron su esplendor pero ahora se marchitaban e invitaban a los bajos ambientes. 


Al final de la avenida unos locales bajos, también decadentes, daban refugio a unas tiendas de comestibles, ropa barata y comida. Formaban parte de una antigua área comercial que se conocía como The Golden Shops, en la esquina con Las Vegas Boulevard, o sea, el Strip. Nosotros buscábamos lo último, comida. Antes de entrar al Strip parecía una buena opción. De entre lo que había elegimos el Kabob More, un pakistaní. Problema: ¿Qué pedimos? Lo que había en la carta poco tenía que ver con lo que aquí hay. Bueno, optamos por unos Nuggets, dos Wrap o kebab de pollo y dos platos del día, una Haleem, una sopa muy fuertemente especiada de color verde y con pollo. Picaba y estaba caliente, pero muy buena.

Tras la comida salimos al caluroso Strip no sin antes reparar en una tienda en la que la ropa y los souvenir eran baratos. Dejamos los souvenir para la vuelta y marchamos por el Strip hacia arriba, dejando a nuestra izquierda la Catedral, una moderna construcción incongruente en esta ciudad del pecado.





No había mucha gente por la calle - y la que había no invitada a nada, pues algunos eran drogadictos, borrachos y homeless- dado el calor abrasador. Avanzamos hacia los hoteles.



El primero, el Encore que tenía un Encore Beach Club en el que sonaba la música por la calle. Tras este aparecía como una mole el Wynn, un casino , un hotel , un campo de golf, una área comercial con tiendas tipo (Cartier, Prada,...), con cascadas, con restaurantes, con salones de boda, etc...



Frente a éste se encontraba The Fashion Show Mall, un centro comercial inmenso al que nos planteamos ir más tarde. 

Tras este pasamos al Palazzo y de éste al Venetian, un espacio sorprendente con sus casinos, habitaciones, tiendas - en una de ellas mi hijo mayor se compró una camiseta de Harvey Davison- , bares y demás servicios que presentaba como particularidad un par de cosillas: la primera, los techos que asemejaban el azul del cielo de Italia, y segundo, un espacio interior para el paseo por góndola.





Se estaba en su interior en un ambiente fresco en contraste con el sofocante calor externo. Tras salir de aquí subir el puente Rialto, y de allí a la calle vimo las gondolas y a los gondoleros y el Museo de cera de Madame Tussaud. 

Subimos un poco más por otros espacios llenos ya gente y de colores como Casino Royale, Harrads , The Quad, y decidimos cruzar casi huyendo de unos tipos disfrazados con disfraces diferentes, así como un cowboy en calzoncillos, bastante famoso en New York, según recuerdo haber visto en Callejeros viajeros. En un inmenso centro comercial que había entre el Mirage y el Caesar Palace como era Forum Shops, acabamos refugiándonos del intenso calor en el mismo. Presentaba como curiosidad una escalera mecánica en forma de caracol, así como un vestíbulo con una inmensa y refrescante fuente.

En el interior unas cariátidas gigantescas cobijaban múltitud de tiendas. De entre ellas, unas baratas, vamos de baratijas como gafas de sol, y otras caras como una llamada Hall of fame que vendía recuerdos, imágenes  y firmas de deportistas de élite de ahora y de ayer, vamos, de siempre.




Tras salir de la misma, por un pasaje nos adentramos en el famosísimo Caesar Palace. Su interior que imitaba las plazas romanas y sus edicios contenía, aparte de los innevitables casinos y tiendas , otro tipo de serviccios para beber y comer. Entre ellos nos fijamos en un restaurante de la cadena del televisivo chef Gordon Ramsey.

Pregunté por el ring y por la plea del año Maywether frente a Pacquaio, y me comentó que había sido en el MGM. Salimos al exterior, reventados de cansancio y con jet lag, así que pensamos en dar la vuelta. Yo, incansable, me di una vuelta y descubrí frente al hotel el Flamingo y al lado de este uno monográfico sobre París, pero se sume al grupo y optamos por la retirada.







Esta vez la retirada fue por el espacio interior del Caesar Palace, hasta el Mirage con sus jardines de cascadas, y desde pasado delante del Treasure Island con sus barcos piratas hasta alcanzar el centro comercial del The Fashion Show Mall en donde habíamos leído que había un espacio dedicado a la comida rápido. 

Tras dar unas vueltas lo encontramos y elegimos: dos pasaron al Wendy a pedirse una Baconator, dos a un italiano, que no recordamos su nombre,  para unas pizzas,  y yo a un asiático, el Chiken Connetion,  con un buen plato de arroz , dos variedades de pollo y un galleta de la suerte. Tras descanasar un rato marchamos dirección al hotel. 

Seguíamos con un calor infernal , paramos en la tienda del vetusto centro comercial Golden para comprar camisetas con marca Las Vegas, llaveros y poco más, y desde allí caminando por la solitaria y tórrida avenida del Centro de  Congresos fuímos hasta el hotel.

Una vez llegamos nos bebimos sin piedad el agua helada con sabor a melón y a frutas tropicales que generosamente había en el hall del hotel, cosa que nos recuperó. De allí a la habitación , y de la habitación a la piscina.

La piscina se encontraba en la azotea. Era pequeña, y estaba junto a un pequeño gimnasio que contenía cintas para correr, elípticas y bicicletas. Lógicamente, lo ignoré, no así alguno de mis hijos.



La piscina tenía unas magníficas vistas sobre el Strip, su noria luminosa, el Circus Circus y las montañas resecas que rodean el este de la ciudad. Hacia el Oeste teníamos el Westgate y tras la inmensa mole que era este Casino, había unas nubes negras que amenazaban tormenta. En el cielo, surcado de helicópteros ya se adivinaban y más tarde se veían relámpagos,  y se escuchaban los truenos. El cielo se había oscurecido totalmente.

Tras ir abandonando la familia poco a poco la piscina, previo paso por el gimnasio por parte de alguno de mis hijos, marchamos a la habitación. Estábamos muertos, tocaba acostarse y dormir. Habíamos llegado al hotel sobre las 19:00 y a las 21:00 a dormir.El día había empezado en Nueva York de madrugada y eran casi las diez de la noche en Nevada. Llevabamos muchas horas despiertos, pero el Jet Lag nos mantenía vivitos y coleando. Ya era hora. Buenas noches.

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